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Bonita

Hace un año o puede que más la alarma de mi despertador sonó. Me vestí a oscuras, me pasé la mano por el pelo y salí de la habitación compartida. Todos dormían. Había mucho silencio, demasiado. Recuerdo toparme contigo en la cocina, ambos nos miramos en silencio como pensando: "¿y tú que rayos haces aquí?" Yo tenía diagnosticada depresión mayor. Empezaba recién a tomar medicamentos; nadie lo sabía, ni siquiera la chica que se parecía tanto a mi y que era mi confidente. Esa mañana me dijiste que me sentara, que esperáramos. No recordaba si había estado sola contigo antes; pero recordé aquel abrazo, ese que me diste cuando estaba derrumbada y frágil, cuando mi alma se sostenía apenas con plegarias silenciosas. Fue en ese instante, cuando me dejaste abrazarte y llorar que me di cuenta que sí, que te quería, que desde que te vi a lo lejos; del otro lado de la sala, riendo con tus amigos, habías entrado y no saldrías de mi corazón. El silencio era incómodo, al menos pa...

Mensajes sin sentido

Y aquí estoy; extrañamente feliz y renovada, como si me hubieran pulido hasta la medula y reluciera como un trozo de oro puro. Me palpita el corazón, corre a mil por hora. De nuevo los caracteres me provocan, ¿quién eres?, ¿el de siempre? Me imagino dando vueltas por ahí como Eliza Schuyler, cantando lo enamorada que está de Alexander luego de haberlo visto a los ojos. Entonces todo cambia, el escenario y la epoca. George Harrison le canta a una chica lo mucho que le gusta y lo mucho más que ella también lo quiere. Y perdón pero me paro de la cama y doy brinquitos tontos, porque tu vales la pena, asi en silencio, en mi mente y en mis labios mordisqueados de tanto frenar mis gritos de felicidad. Sí, vales la pena; con todo y que quizás todo esto resulte en otro desamor, en otra negativa y otra historia sin final feliz. Y es que aja, hombre. Así me gustas, todo tú; tu sarcasmo tonto, tu forma pesada de molestar; también tu preocupación, tu dedicación y pasión por lo que haces, ...

Hace un año en una canción

Llegué a la fiesta de una de las chicas que no conocía muy bien cuando empezó a sonar esa canción. Sí, esa, la de las desveladas y mis sonrisas idiotas. Esa canción estúpida que me hacía pensar en ti. Deambulaba por el patio con mi vaso rojo en la mano; lleno de soda, obviamente, porque se supone que ninguno de los ahí presentes bebíamos alcohol. Me sentía incómoda, por más que todos los chicos y chicas ahí reunidos compartiésemos el mismo nivel de espiritualidad yo no encajaba en las reuniones grandes. Era una cobarde, no podía acercarme a ti, trataba de colarme en conversaciones y grupos pequeños pero terminaba haciéndome a un lado; o no los conocía a fondo o sus pláticas universitarias no me interesaban. Mariana fue mi salvación: llegó con esa sonrisa y carisma tan suyo que te invitaba a hacerte su amiga sin conocerla. Cuando vio mi cara se acercó a abrazarme. Le conté que necesitaba irme, me sentía fuera de lugar y tú rondabas por ahí. –Debes dejarlo ir –dijo– es u...

Señorita D.

Cierro el libro que tengo sobre las piernas y suspiro. Me hago un ovillo en el sofá. Silencio.  Hay mucho silencio. La música ya no está ayudando. Siempre suenan las mismas canciones una y otra vez. Las mismas letras memorizadas y el beat acelerado. Hace un mes no escucho música, ya no la disfruto. Nadie entiende. No puedo hablar, no puedo decir las cosas que me rasgan la garganta de querer salir. Me he vuelto una nada, aquello a lo que más he temido toda mi vida.  Me volví un punto final. Ya no era el punto y coma. Las voces en mi cabeza se callan, la luz del día les quema; durante la noche se arrastran hacia mí, se meten en mis oídos y me quitan el sueño. Mis manos hace mucho han dejado de moverse, mis mundos e historias no se dejan escribir. Se impregnan de mi esencia; se esconden, se callan, esperan a que vuelva a salir el sol dentro de este sótano en el que vivo. Resuenan las voces de las personas, entrometidos, idiotas, ignorantes. Nadi...

Capítulo tercero al libro favorito

Para el que nunca será; pero que es el único. __________________________ Pongo play a mi Spotify y me invade el sonido de una guitarra acústica. Me hundo un poco más en las sábanas y suspiro. Tengo frío, Madrid es demasiado frío. Quisiera tenerte cerca y decirte lo mucho que extraño las montañas y el sol; el verano adelantado y la manera en que se me pega la blusa a la espalda por el sudor. También quisiera ser otra para que te enamoraras de mí; para ser a la que le dedicas lo que escribes. Siento un nudo en la garganta, quiero llorar. Las lágrimas no salen o ya no sé si las estoy reteniendo. Tranquilo, no lloro solo por ti; es porque ella me hace falta y los demás también. Me gruñe el estómago de hambre y siento las primeras lágrimas bajando por mi nariz. Me duele, ¿sabes? siento que no pertenezco a ningún lado; que estoy parada entre Europa y alguna parte de Centroamérica. Me duele que eres imposible, inalcanzable, irreal; también me retuerce de dolor la falta de abrazo...

Canastos y manzanas

Para Migue. _______________________________ En ese punto del viaje Mikel seguía siendo un misterio para mí. Me encontraba recogiendo manzanas y luchando por qué no se me cayera el carcaj cuando por encima de unos arbustos lo vi dando de comer a unos animales. ¿Eran un par de ciervos? Me reí y me deslicé por el tronco del manzano. Si lo veías a simple vista, Mikel podía intimidarte con facilidad, incluso pensarías que era de esos tipos que iban matando gente, saqueando casas y robándose a las hijas jóvenes de otros hombres. Yo lo pensé, si, pero cuando sonreía, ese grandote lograba desarmar a cualquiera. Estaba también su forma de hacerse fuerte en silencio, de aguantar el dolor hasta que nadie lo viera y seguir luchando con todo, incluso consigo mismo hasta el final. Yo era algo así como el agua que corría en un río transparente y Mikel era como la nieve: estaba hecho de agua de lluvia, esa que había pasado por montones de lugares y había logrado llegar a las nubes; esta...

La chica de los geranios

La conocí un verano en que me habían roto el corazón. A simple vista me recordó a uno de los personajes de fantasía juvenil que había leído hace poco. Su rostro era ovalado; tenía unos ojos grandes y graciosos; desviaba mucho la mirada al hablar y tenía labios tan finos que cuando sonreía podías verle las encías de los dientes superiores. Siempre usaba vestidos de flores, mallas negras y tenis converse de distintos colores. No me cansaba de hablar con ella; podíamos reírnos de su poco conocimiento en animales de los bosques y luego hablar se nuestros libros favoritos. Una tarde que paseábamos por la ciudad soltó un gritito de emoción, pegó la cara a un escaparate y abrió mucho los ojos. -Mira -me dijo- esas flores son mis favoritas. -¿Los geranios? Ella puso cara de ofendida y negó. -Esos dos; los de color lila son jacintos y los amarillos se llaman narcisos. Además...-bajó la mirada- no sé cuales son los geranios. Años después me sigo arrepintiendo de haber entrado...