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Limonada color naranja.

–¿En serio? –dije poniéndole el vaso de café en frente– me voy cinco minutos, cinco minutos para comprar tu estúpido té de matcha , ¿y le sacaste el número al barista? Fastidio. Mi organismo entero estaba lleno de berrinches, malas caras, deudas, peleas y cansancio. –¿Qué?, ¿te dan celos? Me senté a su lado y levanté el dedo medio. –Jódete. Pero tienes que enseñarme tus tácticas de ligue. Seguro así me conseguiré una novia o un novio guapo. ¿Cuándo fue la última vez que me sentí yo mismo?, ¿tres meses?, ¿cuatro? –No digas esas cosas. Sabes que vendrías corriendo conmigo, nadie trae incluidos los beneficios que yo te doy. –Ya, pero debí leer entre las líneas de tu instructivo para ver en qué mierda me estaba metiendo cuando acepté coger contigo. Listo, hasta ahí habíamos llegado. –No seas sentimental, no sé qué te pasa hoy, pero será mejor que cambies ese humor o mejor no vamos a la fiesta de Anna. No pienso soportar tu cara de nalga toda la noche. ...

Tardepción

Con esto me quiero despedir de ti. Y cuando pienso en el tequiero (así junto) recuerdo que no se nada, no sé quién eres ni las cosas que pasan por tu cabeza. Príncipe despiadado, complejo de Hamlet, ¿quién te entiende?, ¿quién te oye?, ¿quién te lee? Veo como huyes de mí, la princesa de fuego, tus ojos se pierden. Cuando paseo por los jardines y me topo contigo te refugias en las sombras y el silencio dejándome con preguntas y frío en las manos. ¿Es porque mi corazón está remendado? por más que lo ocultes también puedo ver el tuyo, tu pecho lleno de constelaciones no sabe mentir. Por cada rincón que alcanzas vas dejando destellos, polvo de vía láctea. Te gusta enaltecerte en tu belleza, en tu ingenio, en tu soberbia. Oh, príncipe despiadado, príncipe infeliz. Si tan solo alguien te dijera que todo ese fandango no se lo traga ni tu Dios. Tu polvo de universo es frágil, apenas toca algo y se desvanece, por más que brille dura poco,  príncipe desconsolado, ya deja de...