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3(e)

Son las veces que nos giramos en la cama antes de besarnos por primera vez.  El día en que decidí que el catorce me dejaría sumergir por mis impulsos.  También; las semanas que me tomó encontrar libertad.  El título de esa canción que me hace pensar en ti; aunque creas que es muy cursi. Las veces multiplicadas al infinito en que te repetiré que te quiero; que aquí estoy; que no me importa tomarte de las manos, verte directo a los ojos y calmar la tormenta invisible que baila en tu interior.  La memoria de una despedida.  Un presagio de buena suerte.  Las despedidas antes de ir a dormir.  Los pétalos de los siete tulipanes juntos.  Si lo giras, es el número de la cuenta regresiva original. Trece: son los días que faltan para volver a besarte.  Trece: las hojas que le quedan a mi libreta; esa donde te dedico escritos poéticos. Trece, ya solo trece.

Insomnio

A veces quisiera tener las respuestas a todo. A mi mente. Mi futuro, y el corazón. Quisiera poder abrirme el craneo y analizar cada uno de mis pensamientos. Aunque sé que el cerebro es masa y no podría ver nada. También, a veces, quisiera abrirme el pecho y ver si los girasoles del corazón se me han encarnado; menos mal que a ellos no les crecen nunca espinas. Luego de cerrarme el pecho, entraría a un cuarto oscuro y esperaría a que los tatuajes de laureles aparecieran en mis muñecas y tobillos. Porque Eros es un desgraciado; un vil hijo de puta. Y yo soy como el dios del sol: pasional y excesivo; y la maldición de Dafne vive en mi. Así que cuando los veo, esos grilletes disfrazados de naturaleza...me resigno. Porque llevo una maldición desde que nací, mis vidas pasadas me la heredaron. Me pregunto si cortarlas pondrá fin a tanto dolor; o quizás solo provoque un destino peor a mi alma reencarnada.

Sabores

Cierro los ojos y te vuelvo a sentir. Tus brazos alrededor de mi cuello y mis manos tocando tus caderas. Bonita, mi princesa, a veces me asusta confesarte todo lo que me provocas. Tus besos me saben a coco, vainilla y segundas oportunidades. Al pasar mi lengua por tu labio inferior el tiempo se detiene. El reloj marca las cuatro y treinta de la mañana; Madrid me regala su silencio y nuestra respiración agitada retumba entre las calles. La gente se desvanece, la música se apaga y en silencio le pido al dios Apolo que detenga la salida del sol. ****  Porque de noche mis deseos se encienden silenciosos, se pegan a la punta de mis dedos y se deslizan entre mis piernas. Las gotas de sudor me resbalan por la espalda y mis sábanas acarician mi piel; a falta de ti y tu presencia, a falta de tu aroma impregnado en mi cama. **** Ya amanece, mi bonita, te dejaré dormir. Mañana volveré a dejarte besos en el cuello, me encontraré a tu lado y te preguntaré qué tal has dorm...

Permiso

Princesa, ¿me dejas hablar de ti?, solo esta noche, lo prometo. Porque pasa que extraño tus ojos de medialuna y tus labios de mandarina. ¿Me das permiso, princesa? prometo no hacerte sonrojar mucho.                                               **** Se los digo en serio. Quien la conozca se quedará pasmado por su sonrisa; una de esas que recuerda al amanecer en la playa. Y una vez que la oyes reírse ya estás enamorado. Porque la princesa se mueve con gracia y se las ingenia para mantener un porte seguro. Preocúpate cuando te sostenga la mirada, porque no podrás sacarte del pecho esa sensación de frescura que te deja en el corazón. Y la princesa... Mi princesa de cuento... Mi chica con ojos de constelación... Logró que me enamorara de ella.

Cristal

Mi espalda desnuda contra la franela de mis sábanas trata de arrullarme para dormir. Pero mi cabello se revuelve encima de mi almohada. Mi mano izquierda huele a ti; porque cuando hundo los dedos detrás de tu nuca y toco tus rizos me impregnas con tu olor. El fresco de mi piso no viene esta noche; me ha dejado bochornos y gotas de sudor que resbalan por mi frente. Dormir de esta forma es una tentación. Mi cuerpo se retuerce, en ratos empieza a gritarme que vaya más despacio, que faltan horas para volver a pararme de la cama. Y mis dedos se deslizan solos; recorren mis clavículas, el hueco en mi espalda baja y la curva entre mis piernas. Entonces aprieto los labios y ruego no morir como Ícaro. Porque toda mi habitación huele a las dos, aunque yo esté entre cuatro paredes, aunque luego me hago gato y me acurruco pensando que mis brazos son los tuyos y el aire que me falta me lo regresarán algún día tus besos.

Martes

Camino a casa no miré por encima de mi hombro para ver si alguien caminaba cerca de mi. Tampoco me detuve a tomar aire ni a bajarme el short que llevaba debajo del vestido. Hoy sentí ganas de correr, de sonreír, de reír y de ponerme a bailar como en esa película de Hollywood que vimos. También la piel se me erizó; no por el frío de Madrid, tampoco por la tristeza y mucho menos por las ganas de querer llorar; sentía el pecho lleno, no sé decir si lleno de hojas de laurel, petalos de girasol o canciones. Me di el permiso de imaginarme siendo feliz mientras recorría esas tres calles que me parecieron más. Pensé que tenia esperanzas, que con el tiempo y con paciencia al final las cosas me podrían salir bien, pensé que podría escribirte que yo también quería todos los desayunos de jupiter del mundo a tu lado; como Amoke y Ofelia. Imaginé una vela en el interior de mi corazón encendiéndose de nuevo, una vela dentro de una caja de cristal; para mantenerla vigilada y no dejar que se de...

"Remisa"

No me dijiste que al sentir sus dedos sobre mi piel me vendría una necesidad de abrazarla y no dejarla ir. Tampoco que su cabeza en mi hombro encajaría como una pieza de rompecabezas que se va armando. No me dijiste que estar enamorada llegaba de pronto. La parte divertida de estar enamorada es callarme que lo estoy y fingir que todo es normal. Porque entonces aparecen risas tontas, sonrisas dedicadas en silencio y ganas de echar a correr y bailar en la calle. Los insomnios comienzan a cobrar sentido y los golpeteos de mi corazón contra mi pecho me gritan que escriba y cante y grite. No me dijiste que estar enamorada de ella haría que las despedidas fueran difíciles. Porque se que puedo; por un momento en que el andén del metro está vacío; puedo saltarme las reglas y robarle un beso o los que me vengan en gana luego de soñarlos durante meses. Y digo meses, porque no me dijiste que estar enamorada pasaba incluso si no era correspondida. Tal vez agradezco que no me hayas...